Adiós a la soledad

Por el pastor Juan Bosso
Es llamativo descubrir que podemos llegar a sentirnos solos aunque estemos en medio de un gentío, sentirnos abandonados a pesar de estar rodeados por el amor y la atención de nuestras familias y nuestros amigos, experimentar el sentido de vacío, de inutilidad, de insensatez, de una vida sin rumbo ni propósito, a pesar de tener éxito en lo que emprendamos.Hay personas que viven pensando que son insignificantes, que sus vidas no son importantes. Incluso hay quienes se sienten como si estuvieran viviendo...
en un desierto.
Cuando los demás quieren establecer comunicación con quien padece este dolor, los trata con indiferencia o con hostilidad, porque se sienten tristes, mezquinos, defensivos y rencorosos. Creen que nadie los quiere y cualquier manifestación de aprecio o de amor de parte de los demás es recibida como lástima o interés propio disfrazado.
El agotamiento físico puede influir en quienes sufren la soledad. También las malas noticias o una serie de fracasos consecutivos. El ritmo vertiginoso de la vida actual, los requisitos sociales y económicos cada vez más rígidos, hacen que para muchos aun los momentos de descanso estén llenos de tensiones y preocupaciones. Además, el decaimiento de ciertos valores y la propagación de la filosofía de desesperación dejan a muchos en un estado de vulnerabilidad y desorientación.
¿Y tú? ¿Cómo te sientes en este día?
La explicación para la mayoría de las situaciones se encuentra en el plano espiritual. La energía física varía mucho y las emociones son sumamente inconstantes. Pero es el espíritu el que nos da la estabilidad, la voluntad y la fuerza para seguir adelante y vencer, aun cuando las cosas vayan mal o cuando aparezcan problemas especiales.
Si la reserva espiritual está agotada, es decir, si uno ha descuidado la alimentación del ser interior dando más atención al trabajo que a la meditación y la oración, será muy vulnerable a las enfermedades del espíritu.
La separación de la realidad es la separación de Dios y de nuestra naturaleza espiritual. No ha de sorprendernos, entonces, que tengamos la sensación de separación del resto de las personas y experimentemos la soledad interior.
¡Pero tú no estás solo o sola, aunque en este momento te sienta así!
La cura para este estado de ánimo se encuentra en abrir los ojos para ver la situación favorable en que nos encontramos. ¿Qué situación? ¡Saber que Dios nos ama, que tiene un propósito bien definido para cada uno, y nos promete Su presencia permanente!
San Pablo, el apóstol, dijo que estaba seguro de que nadie ni nada nos puede (¡ni podrá!) separar del amor de Dios en Jesucristo.
Él te dice:
-“Nunca te dejaré ni te abandonaré” (Hebreos 13.5).
Lee la Biblia cada día y aplica las promesas de Dios a tu vida, intentando repetirlas en voz audible. Por ejemplo, ahora mismo puedes repetir esta declaración de fe:
-“Dios me ama y nada ni nadie podrá cambiar eso. Tiene su propósito para mí y lo cumplirá. Está conmigo y no me dejará nunca. ¡Por eso yo no estoy ni estaré solo jamás!”
Que el Señor te bendiga!!!

pastor Juan Bosso
desde Argentina

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