El propósito del consuelo de Dios

En 2ª Corintios 1:3-4, leemos esta hermosa palabra: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios". Dios es padre de misericordias. Es decir que no hay otro que pueda compadecerse del dolor y de la miseria de nosotros, los seres humanos, como Él. El Salmo 103 declara que "Él se acuerda de que somos polvo", es decir, que Dios sabe que...
somos frágiles y débiles, y que por nuestro esfuerzo humano no podemos hacer nada para contrarrestar las situaciones difíciles que se nos presentan en la vida. Pero aparte de ser Padre de misericordias, Dios es Dios de toda consolación. El consuelo es el descanso y el alivio de la pena que aflige y oprime el ánimo. Dios es el único que nos da descanso y alivio de los sufrimientos. El consuelo de Dios es el más completo por eso dice "Dios de toda consolación". No hay dolor tan grande que Él no pueda consolar, no hay pérdida tan grande que Él no pueda suplir. Por eso también dice "el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones". Una tribulación es una congoja, un tormento, una aflicción moral o adversidad, y el Padre amoroso viene en nuestro auxilio para aliviarnos y ayudarnos a llevar la carga. Pero el sufrimiento y el consuelo de Dios tienen un propósito que va más allá de nosotros mismos. Dice Pablo: "para que podamos tambien nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios". Nuestro sufrimiento en Dios forma parte de su propósito eterno para toda la humanidad porque quiere que a través de él y a través de su consuelo, llevemos esperanza a los desesperanzados, ánimo a los desanimados, fortaleza a los débiles, fe a los incrédulos, valor a los despreciados, libertad a los oprimidos. Así es queridos amigos y hermanos: nuestro sufrimiento y el consuelo que Dios nos da forma parte de su Gran Propósito para toda la humanidad. Por lo tanto antes de cegarnos ante la adversidad, recibamos su consuelo y fortaleza para que a través de nuestra experiencia muchos sean levantados y enriquecidos. Un abrazo a todos.
Juan Cocach
Comunidad Cristiana de Córdoba
ARGENTINA