El Papa Francisco que yo conocí

Artículo del portal Pulso Cristiano
“Discúlpenme, pero debo irme. El último subte (metro) pasa antes de las diez de la noche y debo tomarlo”. Un pequeño grupo de pastores evangélicos escuchó la frase de su colega católico romano y lo despidieron respetuosamente, agradeciéndole su presencia. Yo estaba al costado de la escena, en el atrio del teatro Avenida, en el centro de Buenos Aires, y escuché con sorpresa el diálogo. Salí entonces detrás del sacerdote, vestido con su habitual ropa negra, y lo seguí hasta que lo vi descender las escaleras del andén norte de la estación Lima de la línea A de subterráneos de
Buenos Aires y cruzar un molinete, como cualquier pasajero. La escena sucedió el 21 de septiembre de 2004 y su protagonista fue Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, y que el 13 de marzo de 2013 fue electo como Papa. Bergoglio, desde ese día Francisco, había concurrido al teatro Avenida a un acto por los 200 años de actividades de las Sociedades Bíblicas Unidas. Y en los años posteriores a ese hecho, mantuvo esa costumbre de viajar en el “metro” de Buenos Aires, según me contaron varios conocidos en común. Antes de ese episodio de 2004, conocía de la humildad y austeridad del flamante Pontífice gracias al testimonio de Marcelo Figueroa, por entonces director de la Sociedad Bíblica Argentina, y en especial por mi madre, Martha, quien en los años posteriores a ese acto en el teatro Avenida estableció una relación fraternal con Bergoglio, por su labor como presidenta de la SBA. En su casa en Buenos Aires, ella tiene una foto con “Jorge”, como le dice afectuosamente desde hace varios años. Ambos compartieron muchos encuentros de oración en el despacho del nuevo Papa en Buenos Aires. Incluso, el cardenal la invitó a exponer ante todos los obispos católicos sobre la Biblia en una reunión de la Conferencia Episcopal Argentina en un centro de retiros espirituales en las afueras de Buenos Aires. Gracias a esa relación con Figueroa y con mi madre, el 23 de febrero de 2007, Bergoglio visitó las oficinas de la SBA, en la calle Tucumán en el Centro porteño, donde mi padre Roberto trabajó hasta su muerte en 1973 y donde yo pasé muchas tardes de mi infancia. Era la primera vez que un representante máximo de la Iglesia Católica visitaba la sede de la entidad. Como muestra del vínculo fraternal que existía en ese momento, el cardenal quiso conocer a todo el personal de la entidad en su lugar de trabajo. Bergoglio dialogó con cada uno de los empleados de la sucursal Buenos Aires de la SBA sobre su vida, y especialmente sobre la tarea que desarrollaban en la Sociedad Bíblica. Finalmente, con todo el personal reunido, el cardenal dirigió unas palabras de aliento y reconocimiento por la misión de la SBA, para luego dar su bendición y orar a favor de todos los presentes, según me contó mi madre. Por mi trabajo como co-editor de Pulso Cristiano, compartí en los últimos 9 años varias actividades con el nuevo Papa, como las celebraciones del día de la Biblia. Siempre me sorprendió su humildad y perfil bajo. Por ejemplo, el 25 de septiembre de 2006, en el acto realizado en el Teatro de la Comedia, en el Barrio Norte porteño. La hora de la convocatoria ecuménica era las 19.00. A esa hora, ni un minuto más ni menos, Bergoglio ingresó al recinto y se sentó en la segunda fila de asientos, acompañado por sus obispos auxiliares. La mayoría de sus colegas evangélicos que estuvieron en el acto llegaron en la media hora posterior. Bergoglio y sus obispos permanecieron durante todo el acto, que se prolongó por algo más de dos horas, y luego conversaron con los asistentes en la antesala del teatro, sin ningún tipo de séquito que los rodeara. Fuente: Pulso Cristiano