Cuidemos los ríos

por Stella Maris Arias 
Les cuento algo que escuché cuando visitaba distintas familias en las Altas Cumbres de la provincia de Córdoba. Resulta, para mi sorpresa por ignorancia, que los ríos tienen sus dueños; y si algunos no viven permanentemente allí encargan sus casas, sembrados, animales y ríos a otros vecinos que sí lo están en esos lugares.
Y que si hay zonas en donde no hay ninguna casa, los ríos que pasan por allí ¡tienen dueño!. Nacida y crecida en Buenos Aires y luego viviendo en la ciudad de Córdoba siempre escuché como posesiones de la gente a los terrenos, casas, departamentos, autos, edificios, negocios, empresas, campos, etc., jamás se me ocurrió ni nunca escuché que los ríos tuvieran dueño. Es como pensar que los mares, los océanos... las cataratas... ¿tienen dueño? No me ofendería si se ríen de mi ignorancia, pero me sorprendí mucho al enterarme.
Así es que, escuchando sus comentarios, me enteré que en el campo "los ríos tienen su dueño", y que ¡estos los vigilan! Yo pensaba por dentro: acaso no pueden acercarse a beber los animales de vecinos, ¿no podrá bañarse allí alguna persona acalorada que pase por ahí? Pregunté con absoluta y plena ingnorancia:¿Por qué vigilan el río? Me contestaron: "los vigilamos porque a veces vienen usurpadores". Yo, más desorientada aún, pregunté: "Y... ¿cómo pueden usurpar un río?". Su respuesta, increíble para mí, me dio dolor, y vergüenza ajena, "Vienen a usurparnos el río cuando pretenden desviar el cauce o a contaminarlos, dañarlos de diferentes maneras. Ha habido y hay siempre casos de extranjeros que se han acercado queriendo comprar montañas o terrenos para explotar minerales preciosos, como oro, y ofrecen fuertes sumas de dinero a los propietarios, y entre estos algunos dicen sí, y aceptan... pero otros dicen NO, porque saben que la contaminación de los ríos traerán desgracias a los habitantes, enfermedades, pérdida de animales, vegetación, cultivos..."
Es sorprendente ver cómo personas tan humildes defienden con tanta responsabilidad esos ríos; en vez de aceptar dinero e irse a otro lado a vivir mejor, cerca de muchas comodidades... (tontamente uno piensa esto, porque para ellos vivir en la naturaleza... es vivir en un paraíso). Y es que ellos, familias enteras, vecinos, niños, ancianos se dan una vuelta por el río y ¡los vigilan! 
Algo parecido pasa en nuestras vidas con estos "ríos de agua viva" que ya están corriendo en nosotros desde que hemos aceptado vivir con Jesucristo; debemos vigilar, estar atentos y no jugar con las cosas de Dios. No prestar nuestros pies, ojos, nuestra boca, mente, corazón a TODO LO QUE NO ES DE DIOS, y que viene a nosotros para contaminarnos.
Cuidar estos ríos de agua viva que ya corren por nosotros es no contristar al Espíritu y estar "vigilantes" es cuidar nuestra santidad, porque... ni por un momento olvidemos que HEMOS SIDO SANTIFICADOS CON LA SANGRE DE JESUCRISTO.
¡Bendiciones!
Stella Maris Arias