Cómo ser una buena madre a los 20, 40, 50 años

Por Stella Mary Arias 
Suele escucharse estas frases: "yo aprendí a ser madre a los ponchazos", "se hace lo que se puede", "yo seguí el ejemplo de mi aabuela... de mi madre, de mi tía", "la verdad que... los hijos te van enseñando día a día a ser padres"; y cuando los hijos están crecidos se suele decir "hice todo lo que pude"... y a veces queda la duda "¿Habré sido una buena madre?"
Tenemos un Tremendo y Sabio Dios que nos dice: "Imitadme" (Efesios 5:1) Pero si él no es Madre...cómo imitarle? El es nuestro Hacedor y Padre del cielo, quien nos hizo a su imagen y semejanza. Entonces podemos asemejarnos a él como Padre de sus hijos "imitando sus atributos como Padre y Dios nuestro"
El es Padre de Autoridad, nos ama, es Padre de Orden, nos muestra los límites, nos enseña, disciplina, corrige, sustenta, nos comprende, nos perdona, es misericordioso, piadoso, fiel, nos cuida, aconseja, consuela, nos advierte, nos previene, nos promueve, nos lleva de victoria en victoria, nos abre el entendimiento, nos transmite sabiduría, nos abre los ojos, nos moldea, nos instruye, nos defiende de los males, nos sana, nos da vida y nos salva para vida eterna. El ha dicho: "Siempre te llevaré a bien"
¡Imítemosle las madres!
Imítemoslo en Autoridad: Dios les ha dado a las madres y (y a los padres) "plena 
autoridad" sobre sus hijos ¡nadie se las puede quitar! No ejercer lo que Dios nos da es pecado-desobediencia; y si no se la ejerce hay en el hogar: desorden, confusión, inseguridad
¡Dios nos demanda autoridad sobre nuestro hijos!
Por qué es pecado No tener Autoridad sobre los hijos? Porque la Autoridad es Amor y Servicio como lo es en nuestro Padre Celestial sobre nosotros.
Somos administradores de los bienes que Dios nos da, entre ellos los hijos. Si decimos que amamos a nuestros hijos debemos tener autoridad y servirlos. Cuando así lo hacemos estamos primeramente amando y sirviendo a Dios como buenos administradores suyos y como buenos padres.
De manera que NO TENER AUTORIDAD SOBRE LOS HIJOS ES NO AMARLOS 
- aunque se les "dé" de todo-.
Ejercer autoridad es andar en la voluntad de Dios. Dos mandamientos nuevos nos ha dado el Señor: "Amar a Dios con toda tu mente, con toda tu alma y con todo tu corazón y Amar a tu prójimo como a tí mismo." Cuando ejercemos autoridad sobre nuestros hijos estamos obedeciendo a estos dos mandamientos y Dios nos bendice a nosotros mismos y a nuestros hijos.
¡Enseñar el mandamiento "honrar padre y madre"! y cuidar que se cumpla- por bien nuestro y por bien de ellos mismos. Enseñarle, explicarle "no le faltes el respeto a tus abuelos, a los maestros, a tus compañeros, amigos, no seas groseros con ellos", esto es el segundo mandamiento. "no te faltes a vos mismo el respeto desobedeciendo órdenes, andando sucio, no cuidando tus cosas", esto tambien es el segundo mandamiento.
Enseñarle a "no hagas tal cosa porque a Dios no le agrada", esto es Amar a Dios.
Con mi Autoridad estoy velando que la voluntad de Dios se haga y se respete en nuestro hogar.
¡Esta es mi nueva vida en Cristo y aprendo a ejercer otro tipo de autoridad, la de mi Padre.
Dejamos de ejercer autoridad cuando dejamos para después el reto, porque no tenemos tiempo ni ganas, cuando los consentimos, los encubrimos, cuando le decimos "bueno"por "malo", cuando le decimos "sí"y luego, sobre eso mismo, le decimos "no"; y cuando no le marcamos límites y hacemos la vista gorda. Aquí es cuando Dios nos retira su bendición y a esto lo provocamos nosotros mismos. Ejercemos autoridad con servicio y amor cuando le enseñamos "a tratar y hablar al otro como si estuviera hablando al Señor, sin apodos ni groserías.
SOMOS CABEZA DE NUESTROS HIJOS, sin autoridad nos volvemos cola de ellos. La Autoridad es Amor y cuando se la ejerce es por temor de Dios, amor al Padre, amor a nuestros hijos y amor al bien de ellos.
La Autoridad es Servicio porque al ejercerla estamos educando, formando, instruyéndolo, previniéndole de males y preparándolos para cuando sean mayores. 
Cuando nos interesamos por sus intereses, cuando los escuchamos y atendemos sus razones, temores, quejas, cuando curamos sus heridas y los consolamos y le alcanzamos ese vaso de agua que nos piden tantas veces... esto permite que nuestros hijos nos reconozcan como "cabeza suya" porque le estamos sirviendo. ¡Así también se ayuda a crecer y tender a su próxima autonomía porque se les ha dado amor, servicio y fidelidad ! ¡Y sirvo a Dios!
Cuando las madres y los padres aman, sirven y obedecen a Dios algo tremendo sucede: los hijos reconocen la autoridad de sus padres, les obedecen y se sujetan porque ellos los hacen sentir importantes, amados, "bien enseñados".
Con la guía del Espíritu Santo y la Palabra de Dios, con nuestra decisión de guardar su voluntad se puede llegar a ser la madre que Dios quiere.
En el hogar con autoridad hay orden, seguridad y paz.
Mujeres argentinas ¡muchas bendiciones!
Stella Maris Arias