Sigamos adelante puestos los ojos en Jesús

Empieza un nuevo año, por la misericordia de Dios tenemos la oportunidad de servirle, alabarle y adorarle. En otras palabras vivir para y por Él. Un día empezamos esta carrera espiritual gloriosa. Nos hemos arrepentido y bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Todo aquel que nace de nuevo a través del arrepentimiento y del bautismo, viene a constituirse en una nueva criatura, las cosas anteriores guiados por la carne terminaron; y entonces empezamos un nuevo estilo de vida a través del Espíritu Santo.
Como todo bebé espiritual, precisamos alimentarnos de leche espiritual, pero la recomendación es que esta leche sea no adulterada. Hoy en día existen y seguirán apareciendo, muchas doctrinas que no son enseñanzas puras.
Los que hemos tenido la experiencia de haber crecido en el Señor a través de enseñanzas sanas, podemos testificar que es muy necesario crecer en formal normal y sostenida.
El autor de la carta a los Hebreos nos recomienda que sigamos adelante dejando de lado los fundamentos de las doctrinas de Cristo, como las del arrepentimiento de obras muertas, la fe, doctrina de bautismos, imposición de manos, la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
Todo este fundamento nos indica que la vida del cristiano debe estar bien cimentada sobre la roca para que aunque vengan pruebas, dificultades o falsas doctrinas nos mantengamos firmes en la fe, porque el Apóstol Pablo escribe: “El que piensa estar firme, mire que no caiga”. (1ra. Corintios 10:12)
Por eso queridos hermanos sigamos adelante mirando la meta; la cual es Jesús. Trabajemos nuestro carácter imitando a Cristo, para eso tenemos el concurso de la persona del Espíritu Santo.
Debemos estar bien concentrados en Jesús, su vida, su carácter, su obra, su dependencia del Padre, su amor por los perdidos, su misericordia, mirándolo sólo a él, sin mirar los problemas que nos rodean día a día.
No podemos quedarnos como niños, si no que debemos crecer a la estatura de Cristo, mansos, humildes, misericordiosos, templados, amorosos, pacientes, pacíficos, alegres, amables, cariñosos, sencillos, sinceros, fíeles, honrados, tiernos, fraternos, afectuosos, delicados, misericordiosos, llenos, avivados y ardiendo en el Espíritu para ser y hacer discípulos de Jesús.
Sigamos adelante puestos los ojos en Jesús el consumador de nuestra fe. Corramos con paciencia, esta carrera que nos promete salvación eterna enseñándonos y practicando las sanas enseñanzas de los apóstoles establecidos por el Espíritu Santo comunión entre los hermanos, la Cena del Señor y sobretodo las oraciones.
¡Que a si sea!
Ricardo Dulanto Bautista