Primera de Corintios 13 para el Obrero Transcultural


Autor desconocido
Si yo hablara como un nativo, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o címbalos que retiñe.
Si me pusiese la vestidura nacional y entendiese la cultura y como portarme cortesmente en cualquier situación, y así aprendiese las modalidades locales hasta que me tomen por nacional, pero no tengo amor, nada soy.
Si repartiese todos mis bienes a los pobres, y si gastase mis energías sin reserva, pero no tengo amor, de nada me sirve.
El amor aguanta largas horas de estudio de la lengua, y es bondadoso para con aquellos que se burlen de su acento; el amor no tiene resentimientos hacia aquellos que se quedaron en casa; el amor no se jacta de su cultura nativa, y no se siente superior por su nacionalidad.
No se ufana de “como lo hacemos en mi país”, no es egoísta, no busca oportunidades de hablar sobre lo bello de su patria, no piensa mal de esta nueva cultura.
El amor disculpa toda critica de su propia cultura, cree todo lo bueno en cuanto a esta, espera confiadamente llegar a sentirse cómodo en este lugar, y soporta toda incomodidad.
El amor no se extingue jamas; pero la antropología cultural caerá en desuso, la lingüística será silenciada, y la contextualización desaparecerá.
Porque nuestros conocimientos de la cultura son imperfectos, y ministramos imperfectamente.
Mas cuando Cristo se manifieste en esta cultura, nuestras imperfecciones desaparecerán.
Cuando vivía en América Latina, hablaba como Latinoamericano, pensaba como Latinoamericano, razonaba como Latinoamericano; pero cuando salí de América Latina, deje atrás las cosas Latinoamericanas.
Ahora nuestra adaptación a la cultura es defectuosa, pero El vivirá en ella como nativo; ahora hablo con acento de extranjero, pero El hablara al corazón.
Y ahora permanecen: la adaptación cultural, el estudio de la lengua, y el amor; pero el mayor de ellos es el amor.